Gratitud por los días tranquilos

Después de la tempestad viene la calma. Pero si no fuera por la tempestad no amaríamos ni valoraríamos esa tan ansiada calma. A veces extraño esa parte de la niñez en la que sólo nos ocupábamos de soñar. Recuerdo momentos muy tempranos de mi infancia en un jardín, en el que yo soñaba que era, que iba, que tenía, que hacía … Y era absolutamente feliz.

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